Centro de Estudios para la Democracia Proactiva
“José Ignacio García Hamilton”
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“El poder solo se negocia cuando se tiene el riesgo de perderse”
Florida, Estados Unidos – 10 de marzo, 2026 – El anuncio de Donald Trump de una “toma de control amistosa” de Cuba llama poderosamente. Su nueva estrategia de desmontar los regímenes totalitarios desde adentro, aprovechando la naturaleza propia de los regímenes totalitarios de controlar el poder desde arriba hacia abajo.
También los regímenes totalitarios no tienen mecanismo de transferencia de poder, ya que no hay alternancia de forma institucional porque por definición son partidarios del poder indefinido. Eso impide que las fuerzas de oposición se estructuren y tengan la capacidad de formar gobierno y recibir de forma ordenada el traspaso de poder.
por tanto, la estrategia de Donald Trump de obligar a esa misma estructura totalitaria de utilizar su poder para desmontar su propio sistema totalitario.
Sin embargo, la estrategia de Donald Trump se centra en el control económico, mientras deja en manos del régimen en cuestión el control político. La debilidad de los regímenes totalitarios es la parte económica, si se le resuelve en lo más mínimo, le da la posibilidad de permanecer indefinidamente en el poder. Incluso, si pasa igual que en Venezuela que dejó operativo el poder institucional muchas veces catalogado de ilegitimo, la posibilidad de que el regimen se recicle es alta. Ahora vemos que Donald Trump reconoce como legítima la presidencia de Delcy Rodriguez sin ningún proceso electoral y, además, ella parte de la misma estructura de Nicolás Maduro, que se le señala de haber robado las elecciones y considerarse un presidente ilegítimo. O sea, todas las decisiones del CNE, incluida la Asamblea, Nacional, son ilegítimas, por lo que no tiene esa facultad para implementar leyes, si se es coherente con la situación institucional de Venezuela. Por tanto, no es legítimo que Donald Trump le dé un reconocimiento y un estatus de presidente oficial a Delcy Rodríguez sin contar con la voluntad del pueblo venezolano. De utilizar a Delcy Rodríguez de forma interina, debe ejecutar cambios profundos a corto plazo como la liberación de todos los presos políticos, autorizar la libertad de prensa y medios y la abolición de todas las leyes que afecten la libertad política.
No se concibe que personas con recompensas millonarias en los Estados Unidos, por delitos iguales a los de Nicolás Maduro, como Diosdado Cabello y Vladimir Padrino, con orden internacional de captura se reúnan con el Jefe del Comando Sur y otros funcionarios de alto nivel de los Estados Unidos y no pase nada. También es incoherente que los principales integrantes del supuesto gobierno interino mantengan un discurso de confrontación y descalificación contra Donald Trump y, además, sigan convocando al pueblo y ejerciendo la amenaza pública contra sus opositores, mientras mantienen cientos de presos políticos en las cárceles todavía.
Y no solo estan convocando al pueblo, sino formando nuevas estructuras de poder como las del Poder Popular con la velada intención de reemplazar el sistema actual de poder y dejar fuera los integrantes de la oposición, principalmente a María Corina Machado.
No se concibe que la prioridad de Donald Trump sea la actividad petrolera, mientras no se pronuncia por los cambios políticos. Lo que lo hace responsable de la represión política en Venezuela.
Sin embargo, lo más preocupante de Venezuela es que el régimen se está moviendo políticamente, aprovechando el control sobre las masas. Este domingo 8 de marzo se estructuró mediante elecciones de proyectos el Poder Popular. Una estrategia que va dejando fuera el sistema actual de gobierno. Lo que permite que el régimen se puede radicalizar en cualquier momento y Trump no va a contar con la aprobación para utilizar la fuerza como cuando Maduro. Y si pierde el Senado o la Cámara de Representantes en noviembre, muy poco podrá hacer tanto en Venezuela como en Cuba que, ya no se tenga implementado.
En Cuba, tomando la experiencia de Venezuela se debe comenzar la supuesta transición por desmontar el control político totalitario del régimen.
Por tanto, los Estados Unidos debe enviar un mensaje claro de que todo proceso de negociación debe empezar por la eliminación de facto de la represión. Se debe condicionar la apertura a una negociación a una nueva voluntad política del régimen con la liberación de todos los presos políticos.
Esta actitud sería una forma contundente de transmitir a la población la certeza de que hay una negociación en curso y de que habrá al fin una transición en Cuba.
Sin embargo, siguen los arrestos e intimidación por cualquier acto de disensión en Cuba.
Por lo que, cualquier negociación con el régimen cubano que, incluya apertura económica debe pasar por concesiones políticas como la liberación de los presos políticos, la eliminación del Código Penal la penalización de cualquier actividad política, el reconocimiento institucional de la oposición política y la instauración de la libertad empresarial, incluidos los medios de comunicación.
Y que la libertad empresarial determine que el régimen y sus servicios de inteligencia no tienen facultades algunas para imponer decisiones políticas en el sector privado, o sea sobre dueños y empleados.
La libertad de los medios de comunicación garantiza la observancia y funcionamiento del régimen y sus funcionarios.
Mediante la negociación deben fijarse mediadas que, después de impuestas sean irreversibles, que garantizan la continuidad de una transición completa, aun cuando no se tenga la supervisión y control del Gobierno norteamericano.
Sin estas premisas, que contemplen un cronograma estricto de cumplimiento, todos los acuerdos corren el riesgo de manipulación y consumo de tiempo en espera de cualquier cambio en la correlación del poder en los Estados Unidos que deje fuera las aspiraciones de Donald Trump.